El Azul De La Soledad


La joven de piel oxidada, es un antojo de anís y ginebra, un cuerpo hecho Galápagos, destilada en los suelos de Rábida.

En ella mueren los brazos de la libertad, la ignorancia calla, y de si se desprende una bruma de nostalgias que zapatea con zancos de tristeza.

Cada vez que el viento se hace tan humano, su encéfalo supura dolencias, y en la mano derecha del deseo surge un misticismo, el manjar de un ideal hecho pecado.

En el colmo de sus soledades, allá ella suspira "!Nodriza mía¡", mas en un estampado azul se envuelve en une lettre, comunicado donde se ahorcan sus mémoires:

como una gota que escudriñe el fertilizar de la tierra, mas se ahoga así misma;
como una cesta de seis manzanas putrefactas;
como el musgo seco del vino, dos días después en que hizo el desmayo la copa;
como un debate entre el jaque mate y el rey;
como una caricia de Goya en el vestido de la Maja;
como la histeria de la luna en el espejo del mar;
como la depresión de un grifo hastiado de llorar;
como una niña que solloza en pleno discurso sacerdotal…
                                                                                                                             

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