La Euritmia Mística Del Oriente II


Láudano, ha de ser un mísero concepto que os he adoptado, mientras he de experimentar un ciclo precario de argumentos vastos de imprudencia. Han de ser diecinueve primaveras que he perseverado, con la culpa agravante de ostentar un absurdo titulo de “sutil tentación”, mas, soy un perjuicio, fruslería que no ha de cosquillearte el trono inconsciente.
Fui prominente blasfema entre el gentío predicador de vuestra religión. Dichosos los ellos que han de instituir el nirvana en los regazos de vuestra nueva adquisición afrodisiaca. Yo, como entelequia sexual he de notificar un fetichismo sobre la capa del esoterismo, que recae desangrado y desmayado  superpuesto en el lienzo desnudo y enmarcado de vuestra entidad domadora.


            Acerbo culinario, mujer de Lem… Alcázar, y dicho esto mazmorra o alcatraz que frunce el ceño fatídico de su instancia atmosférica, os puedo referir, como amaranto, cuyo carmesí gestiona el limite minifundista sobre la posesión de  vuestros agravios, que he de manifestar como nimiedades propias de vuestra acción errada y jovial.
           Extrínsecamente de tus ásperos cimientos craneales, emprendes secarte los labios con aglomeraciones post-modernistas… Grotescos paganos, obreros de la burla ante la religión del cuerpo de una dama. Más tarde, privatizas la región de tus labios, expones un estado mental nubífero, y por último, intentas masturbarte con la esencia salival recopilada.
 Mas, no deseo ser tosco con los detalles. Alegaría ante un juez vuestra patología de vida y, estupefacto compartiría la nueva vista no sexual de vuestro vaginismo, que se infiltra en el perímetro de tus brazos, de tus  labios, y de tus orejas. Mas bien, en el afecto que tus músculos invocan al negar la entrada de una peculiar osadía, de convocarte a brillantes ideologías de un placebo habitual.


Su voz, cantico melancólico, afable o colérico, infringió sobre la estética del sonido y, la tierra sufrió un espasmo ignorante. Ella, quiso besar el suelo con la yema de su dedo, y sin embargo, en una contracción involuntaria, el cielo sometió sus manos a un intento gravitatorio.
Su silencio, es de complejo divino… Solo se esmera en engendrar su habla con movimientos mezquinos sobre objetos inanimados.
Extraña sin la palabra, sin acciones que invertir en compañías escépticas, sin las manos toca el beso y, sin la escucha cumple una oración.
Alérgica al humor báquico, se embriaga con el sometimiento del penoso contestar humillante que le replica su paternidad. ¡Ella no es de madre! ¡Ni de padre! ¡Ni del enjambre que cultiva su propia miel!... Ella es, de la ficción, del trazo no corpulento de un infante, de la plegaria que delimita el perfil de una mano, que se asombra por el evento obnubilado de la psicosis inconsciente del anonimato.
Y osarán etiquetarte con plagios cotidianos, emprenderán la fantasía humana como motivo de tu grandeza, rotularán vuestro nombre sobre millares de féminas que no poseen la milésima esencia de tu legado. Yo, desligo la flor que te acuesta en la sutileza, donde vuestro vello púbico confesó las ganas de enfrentar mis inquietudes
                                                    
                                                                   


         Ya, puedo insistir en mis primaveras como un periodo de letargo, que ansía poseer el agrado de ostentarte… Mas, el cinismo abarca a todas las féminas y,  abandono mi originalidad al confesar, que vuestro poseer es de origen monárquico… Esencia noble hemos de solicitar para conquistar vuestros laureles, vuestras orquídeas, vuestro retrato…
        Ellos, homos sentimentalis y siniestros “eruditos” de la sexualidad, permanecerán ocultos en la estética de tus hebras, esperando que sus voces se infiltren en el torrente de tu escucha y, de ser así el triunfo de sus ficciones, rozarán el labio y, añadirán más sabores a la espera de mis besos…
         Yo, variante humana y, de cuando en vez monstruo emotivo o racional, resido en el hangar de tus vistas… Normalmente acampo en el ceño, esperando que tus manos diestras hagan fricción con vuestro rostro, para así retomar las calzadas de la aventura junto a mi delicado escenario turístico.
        Nosotros, condicionados por el argumento humano, desterramos el modernismo ante nuestras palabras y, afásicos nacemos al contacto de vuestro foco de atención. Se cruzan los idealismos del pecado con los sentimentalismos de unos cuerpos, mas el romanticismo toma por dato la única verdad que habita en vuestro templo, la adquisición de unos senos que lactan bálsamos proteicos…
          Muertos por el agobio de un ensueño, reprimimos el placer de vincularte al estado erótico de una pasión y, de ser por la incidente siniestro de nuestro inconsciente, te tomaremos por nombre, mas no por entre piernas…



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