Brújula de Orientes


“Dentro de los criterios de la acción verbal, el amor, no cree en la monogamia dentro de las prosas literarias, mas bien, primer pecador católico que ejerce la poligamia entre sus distintas instancias de la sociabilidad”
Mariano Soto

     Acontecía en aquella noche de diciembre, específicamente en el sexto día de sus inicios, la remembranza del inventario pasional que había mutado en prosa, el registro del criterio del ostento y la caricia, de la repugnancia y de la distancia, que solía hacer la representatividad de una inquina femenina, en su antonimia, de una áspera filia hormonal con rasgos de mujer.
     La extensa lista de pseudónimos emergía junto a la sinergia que hacía la manifestación corporal del regocijo, un nicho de percepciones subjetivas que brotaban por las indumentarias emocionales que la vestían en su diversidad. La unicidad de cada temario adornaba el asombro de cada virtud que hacía demostración en la circunstancia psíquica de un entonces, evocando la crudeza del sentir en dicho lapso, de la que sutilmente, suspiraba.
      Entre tanta chusma y privilegios me delimité a proseguir cuando hizo auge vuestro nombre. Pareciera que el alba del frío invadiera mis extremidades mientras hacía ilusión de vos, y como si fuera poco, las cobijas y sábanas no cumplían con el fiel cometido de resguardarme de la sensación desprotegida que experimentaba. La solución, era químicamente conocida de sobremanera, ya que, quien tiene el placer de evocar, tiene la respuesta de sanar lo evocado.
      Con la insistencia de vuestro nombre de pila realizando desastres afectivos, y con la serenidad de poder contactarte sin el resquemor de ser rechazado, mi acción fue más deprisa que la prisa de haberte figurado en el espacio despacio en que libidinalmente te desnudaba.
      Finalizada la sencillez de un saludo que hubo de acompañar el factor de un beso, interpreté, que no sería pronta vuestra respuesta por dinámicas de ausencias que no hacían de mi una suposición exagerante. En espera de la víspera de vuestras palabras, hice de vos, una religión con tendencias mesiánicas que relataban la existencia de una profecía vigente.
     Valió la pena la espera, y la simulación de vuestro cuerpo en danza rítmica y anárquica en función a los dominios psíquicos de mi presencia.
     Para ego, la labor de hacer representación de la brevedad en que os disimulo virtualmente, es prácticamente… indescriptible. Entre el ahogo de esas gafas noveles que ha de estrenar vuestro cuerpo de antaño a la actualidad y el común de aquel torso encarcelado en camisones de las cuales he extirparte el par de pantalones que has de usar, han de dejarme, ligeramente, conmocionado.
     Sé que he mentido al afirmar lo “ligeramente”, pero vuestros lazos mecánicos, ajustan, los cables de mi locura.
     Con la agonía de no poseer el léxico necesario para realizar representación de lo que mi química externa replica, permíteme hacer de vos la experiencia y susurrarte al oído: éramos dos cuerpos incomodos, arrullados entre sábanas y piernas…

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