¿Por qué Odio a Mi País, y no a Mi Isla?


Mi país,
posee “diez coma cuatro” millones de “ciudadanos”…
Mi isla,
“Ocho mil setecientas” especies sin contar a los “humanos”.

Mi país,
es la fiebre turística del verano…
Mi isla,
la esencia del caribe “dominicano”.

Es posible que en mi país haya caído en vano
un escritor que a su nombre se le ha subliminado
con el río que fallece en territorio vegano
se le considera el pesimismo a mi país “inmaculado”

En mi país existe,
un par de mejillas exentas de besos,
un impar de caderas amigas de hebillas,
un instante donde se discuten la política de los excesos,
y un constante placer ante las hurtadillas…
Ante los chismosos y chismosas que comparten sin pajillas
una cerveza… Una cerveza que no dona mi isla

En mi país transitan,
de los “diez coma cuatro” millones de habitantes,
la misma cantidad de  “padres de familia”…
Hasta el más chico carga con su vida,
las riendas de la salud de sus padres…

Hasta la más chica se prostituye,
sin entregar sus genitales,
a la carga emocional que genera,
mi mal llamada “isla” (País, equivocadamente, en otro “idioma”).

No he olvidado mi Isla,
ni sus virtudes descomunales…

Mi Isla posee,
una hectárea sin jurisdicción inmobiliaria.
La que amo
            por ser de nadie.
                        La que odio
                        por ser del pueblo.

Asimismo, posee sistemas que recolectan el odio popular,
            Es decir...
Un río o playa en cada punto de un riesgo suicida o burnout de estudios,
Un árbol de mangos que pronuncia sombra sobre un intento de escuela…
Un poco de frío en lo alto para el mal cuidado de los andropáusicos…
y no menos importante,
un poquito de tierra firme para el sustento de tanta infidelidad  e “inocencia” …

¿Por qué odio a mi País, y no a mi isla?

     Porque me da la recontra gana de joder a las masas proselitistas –que no lo serán ni por defensa ni por ideología, pero cuando descubrí el inconsciente supe que todo se valía, y a los otros que no tienen nombre dentro de los “-istas” que me cabrean bastante por invadir mi –no– Isla… Mi maldito hogar, donde los intereses se fueron de visita, y se quedaron porque había tanto café y tanto cacao, ¿cómo no?, tanta azúcar para este pueblo tan agrio.


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