Afrodita Del Desorden

Caminando sobre la nada donde yacía el todo conocí a Rosa. Copulé con ella. Me había dado cuenta que Rosa sostenía una relación lésbica con la Tierra. Como una nueva aventura me desvirgué también con la misma. Mi pene se engrosó con la cálida y magmática venida de su goce, y a raíz de ello, conocí a una de sus hijas: la Montaña; quien tenía como hermanas a: la Mar y la Selva.

La Mar jugueteaba sexualmente con la Brisa y en celo me mostraba. Así que decidí ser alga que le hiciera el amor a la Mar en su extenso e insensible cuerpo. Tras ello me disipé en humedad hacia la Brisa, y copulé con su soplo que me elevaba al cielo, donde conocería a la más suave de quienes amaría sino se precipitaba por los suelos: la Nube.

La Nube me advirtió que se estaba enfadando, ya que no le gustaba como practicaba el sexo, así que me escupió como un chubasco sobre la Selva sin corrección ante mi incumplimiento.


La Selva me acogió entre su esperanza y su verde. Su madera centenaria me hizo una casa donde follar todos los días. Conocí a la Planta, a la Lluvia, a las Horas en que pasaba en desmesura, a la vecina Tundra y a otras con artículos de feminidad. 

La Noche se metió a la casa e hizo un trio con la Madrugada, luego me monté en el lomo de la Noche y desfloré a las Estrellas. No quería tratar con el Día por experiencias estéticas, así que esperé la Tarde... Ya saben para que... Para follarme a la Aurora... 

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