Ganas de Amor

Te conocí cuando los botones amaban a las braguetas… cuando era popular la travesura de las paletas y los zippers que bajaban a querer otras costuras. Te costaba aguantar la lengua. Tenías por todo el cuerpo puntos a favor: lunares coleccionables, marcas de agua. Yo, te había robado uno de ellos y me lo acerqué a la boca.

Con ese poquito de vos detesté la ropa… amé las cremalleras rotas, los botones sueltos, las costuras a punto de romper. Me enamoré de lo que tu Dios debía perdonarte… solo vos sabías de lo que hablaba.

Al crecer amé lo que te soportaba: el orgullo, la modestia, el descaro y, obviamente vuestras piernas. Los shorts ajustados, los hombros desnudos, las grietas de las caderas, y la lencería de encaje, era lo que más me encantaba; y eso último me lo imaginaba.

Al final, por vos creí que el deseo no muere sino que resucita, o en ocasiones regurgita cuando tengo mucho de vos y poco de mi. Poco estómago para digerir lo cerquita que te tengo y un dedo encima no puedo. Un topao’ absurdo, sin tiempo fuera, con botones puestos, braguetas arriba y costuras sin deshilar.


Ahora aprendo por aguantarme, como un niño que desea huir al aseo, y sin aliviarme este horrible deseo, pretendo, deshilarte con pincitas de juego, con cartas que no sabes que son de vos, con alcohol, soda y rock and roll…

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