Peligro (Los Labios de Cactus)

La moral ofendió a los labios. Le dio al comprometido un beso diverso pero constante. La madrugada sabía al mismo beso de vino, la mañana con besos de té, la tarde a besos de refresco. Era un labio condimentado. A veces eran besos de plomo, besos de pez, besos de papel...

Se hartó la boca del beso diverso. Esos labios de aventura, a hurtadillas, fueron en busca de otras huellas, de lo digital de las bocas. 

Habían labios con códigos de barras dispersos en toda su libreta de contactos. Labios con jotas, labios con ce's, labios con eme's, labios con e's. Y el labio de la "E" era un peligro.

Era un labio que no se apagaba con maquillaje. Un labio de cuerpo que encierra el alma de la sonrisa. Un labio de cactus, de esos que no se le secan el deseo, pero de espinas, que no caen bien  a lo acostumbrado. 

Los besos de cactus se estrujan. Se frotan para dañar el beso cristiano, esos besos de seda. Desviste la ética del beso comprometido y lo transforma en los labios prometidos, aquellos que prometen no pronunciar, jamás, los besos diversos pero constantes.

Pero esos labios son un peligro. Los labios de seda se trasmiten como el calor del caribe, son labios de monopolio, labios de monarquía. Labios cobardes, labios de tundra, labios de gravedad. Esos que solo tienen un beso que los recibe en batas en la cama. 

A pesar, que los labios de cactus sean letargos de soledad, siempre hay un beso que se disfruta con sinceridad. Porque son besos que destruyen el cuerpo social, y llegan a ti... a esos labios del peligro.

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