Párrafos de Sol

     Lloraba la tarde, y así lo hacía pronto la noche. Te tenía en la punta de la lengua, molestándome. Por ello, decidí gastarme un par de perras en el alcohol para curar tu germen, erradicándolo, pero no desde la raíz. No era conveniente... no, no lo era... Olvidarme de ti significaba dejarte de escribir, mirarte sin vergüenza, no evitarte y/o desprenderme de tu sabor tan añadido... Bien sabes que no eras tanto, pero así lo quise...  debiste apreciarlo...
     Entre cada sorbo de las perras gastadas estuve, dibujando mandalas en la barra con el sudor de las copas. Ya no molestabas, te habías mudado... más adentro. En un pensamiento encontraste el refugio, y por ello discutí con lo que creo del quien eras. Te retuve... y mientras disfrutaba del "te retengo", las otras... ¡Sí, porque habían otras!... rumoreaban lo arpía, lo poco casual, lo imparcial que eras... Yo, te defendía, aunque pareciese lo contrario...
     Jugaba contigo al quita y pon de la conciencia, alejándote de esos horribles deseos de espantarte. Entre la dinámica del cerrar de ojos, el acto de imaginarte y la sed, me olvidé de ti... pero ese olvido no se traducía sobre tu compleja ausencia, simplemente no estabas, intangible, intocable...
     Otros pechos, otras bocas, otros culos intentaron distraerme, y sin embargo, permaneciste... y te encontré... Te encontré en el vaso, en el ruido, en la ausencia de lo que pide la gente, en los dos besos de la intro... Te encontré en el camino a casa, en las tres llaves y las dos puertas, en la cama, en la almohada... Pero no te encontré a la mañana siguiente... cuando debiste arrimarte por la ventana pensé, que en lo obvio, nunca estás.

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