Confesiones III

     Han sido unos meses extraños, lleno de crímenes perdonados por el silencio y la intimidad. Ultimamente he pactado con todo aquello que se calla, dejando escritos en la sombra para poder tocar y oler. Fueron esas sombras las que me han hecho saber lo mucho que estimo a la oscuridad. Allí existe la oportunidad de fallar y quedar impoluto, libre de esas cosas que manchan. Allí, se burlan de aquellos quienes confían demasiado en sus ojos. En ese espacio de narices, oídos, boca y piel, he sido el más imbécil, el más tonto, el más torpe, al fin y al cabo, todo lo que he querido ser. 
     Desee tantas veces equivocarme para así alivianar la carga de la obsesión y los celos, y cada vez me despreocupo de esos ensayos y errores que me provocan la ansiedad. Sin embargo, no me he curado del todo, tengo comezón en el pensamiento. Los resultados de este experimento no se rendirán hasta horas, días o semanas,  hasta que se alivie la irritación del tiempo, hasta que sane la duda, seguirán esos juicios que me condenan.
     A partir de ahora, tendría que trabajar bajo los "debería" y olvidarme un rato de todo lo que he sido. Debo perdonarme por ser, sería lo primero que debería, y luego, seguirme equivocando, para quemar estas ganas educativas y nunca sacarme el título de todo lo que vivido.


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