Mantra I

No eres nadie entre la abundancia y la ausencia del ruido, hasta que te mencionan. La raíz de tu palabra te transforma en quien te plazca a partir de una necesidad, y no solo de una, de esa que te pertenece. Sé, que la necesidad te necesita, porque el estrés tiene esa calma, una que es agitada pero liberadora... Porque la falta tiene eso que llena, una que sustituye pero que no completa. Por ello, te recuerdo que todo se gasta, especialmente aquello quien se nombra y se usa.
El ejercicio de tu palabra debería ser comedido, preciso, exacto, nada rutinario ni constante, sino una emergencia. Una como el desastre, de rápida acción, con los insumos indispensables para la recuperación. Sin embargo, el ejercicio de tu palabra podría ser como los gimnasios, muy físicos, habituales, una dedicada al cuerpo, estética, curva pero limitada. Al final y entre los cabos, decisiva, permisiva, tolerante, intocable, efusiva, migratoria, dinámica, entre otros nombres es tu palabra, pero mientras tanto, dependiente, libertina, impaciente, rehusable, pasiva, inhabitable, uniforme...

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